Los fraudes "gordos" los suele cometer quien menos lo necesita, no sé si por tacañería o por costumbre (por algo tienen pasta).

La mayor parte son operaciones de mantenimiento que se hacen en empresas y que se intentan pasar como fraudes.

Recuerdo uno muy espectacular. Se trataba de una empresa multinacional muy importante con unas oficinas en Madrid. El caso es que se fue la luz y reclamaron que a consecuencia de eso se había estropeado la batería de SAI's que tenían.

Cosa extraña, porque precisamente los SAI están para cuando se va la luz.

La empresa, que era un cliente muy importante, empezó a meter prisa a la Compañía para que indemnizasen inmediatamente el presupuesto para la reparación del SAI (unos 5.000,00 €, que es lo que se debían gastar en bolígrafos de regalo al mes), reclamando que se le pagase y luego se hiciesen las averiguaciones oportunas por si se pudiera reclamar a la Compañía eléctrica.

Como las cosas con prisas y mal hechas no nos suelen gustar a los peritos acabamos demostrando que únicamente se había producido un corte de luz, no una sobretensión, con lo que era imposible que se hubiesen dañado los SAI, que los SAI estaban "hinchados" por haber sobrepasado su vida útil en un 50% y que el presupuesto lo habían pedido diez meses antes de que hubiera ocurrido el siniestro.

Esto es lo que suele ocurrir, es muy difícil conseguir que todo el mundo mienta por uno y si existe la posibilidad de que te demanden por fraude alguien suele "cantar".

Otro caso muy frecuente es el de gente con pólizas muy altas que se toma el seguro como si fuese su servicio de mantenimiento particular o que piensa que como paga una prima tienen que devolverle todo lo que les apetezca.

En una ocasión tuve un siniestro en una finca con casa, casa de recreo, cuadras para caballos y una plaza de toros standard en la que se podía torear de verdad, no una de estas pequeñitas que tienen algunos en sus fincas. Ni que decir tiene que el señor estaba relacionado con el mundo de los toros.

Pues bien, se trataba de un robo en el que habían entrado a un guadarnés que había junto a la plaza y se habían llevado supuestamente dos sillas de montar y una caja de rejones y nos reclamaba que las sillas eran de 3.000,00 € cada una y por la caja de rejones unos 8.000,00 €.

Una vez allí encontramos que todos los huecos para guardar sillas estaban llenos y algunos con sillas de 100,00 €, por lo que no hubo quien se creyera que tenía las sillas de 3.000,00 € tiradas en el suelo y las de 100,00 € bien guardaditas. Además, que no tenía factura de las sillas.

En cuanto a los rejones sí que tenía factura. Nos mandó cuatro veces una factura cortada por la parte superior por una caja de rejones de 8.000,00 € y cuatro veces le reclamamos que o nos enviaba la factura completa o el expediente se quedaba ahí parado. Cuando por fin localizamos al fabricante resultó que la factura tenía más de diez años.

No dudo de que le hubiesen robado alguna silla (de las de 100,00 €) y la caja de rejones, pero en diez años algún rejón habría utilizado y el estado del resto dejaría bastante que desear.

Si nos hubiese dicho: miren, me han robado dos rejones de una caja de doce y dos sillas de 300,00 €, pues se lo hubiese creído todo el mundo y aquí paz y después gloria, pero empeñarse en hinchar el siniestro no suele dar muy buen resultado, porque una vez que demuestras que algo es falso creerse que el resto es cierto es imposible.

En contra de lo que cree la mayoría, los peritos no están para recortar sino para pagar lo que es justo, así que si se va de buenas y se cuenta la verdad suele tener mejor resultado que empezar a inventarse historias que luego nunca nadie se cree y que van a empujar al perito a mirarlo todo con lupa.