Salgo de su piso arrastrándome (no tengo ninguna gana de irme) y vuelvo al mío.

¡Arghh, otra vez no! Ahora me he quedado ciega. Ya hay luz en mi piso, pero veo a dos enfermeros intentando levantar a Paco del suelo. Se le ha resbalado el pantalón del pijama y se le ve el comienzo del… ¡NO PUEDO NI PENSARLO!

- Señora - me dice uno de los enfermeros - ¿Dónde quiere que le llevemos?

- ¡Y a mí qué me cuenta! Es el vecino de abajo, pregúntele a él

El enfermero me mira mal y por fin salen de mi casa.

A los cinco minutos llega Dave, vestido con jersey de cuello vuelto, pantalón de pana y mocasines. Pero ¿cómo podrá ir hecho un pincel a las tres de la mañana y con el follón que tenemos? Y yo todavía con el camisón, las zapatillas de conejito y la bata.

- Hola, perdona, te llamabas Ana ¿verdad?

¡Se acuerda de mi nombre!

- Sí

- Oye, perdona por esto, el que me vendió la casa me dijo que había cambiado las tuberías hace cuatro años

- ¿Antonio? Pero si no se cambió ni de calcetines en los cuatro años que estuvo aquí

- Pues estupendo. ¿Has mirado si ha dejado de caer agua?

- No me ha dado tiempo, vamos a ver

Vale, no era la situación ideal pero me estaba llevando a Dave a mi habitación, al menos para un par de sueños después me iba a dar.

- Pues no, no ha dejado de caer. Era mucho pedir, claro.

- Entonces la hemos fastidiado porque si no es mío y a mí no me moja tiene que ser de la comunidad

Se me cayó el alma a los pies. Hacía quince días habíamos echado al administrador por quedarse con el dinero de la comunidad y parte de ese dinero era el que tendría que haber pagado el seguro de la comunidad, que nos habían anulado y que todavía no habíamos vuelto a contratar.