Después Ana pensaría que todo había parecido como una película de esas de guerra sin sonido. Antonio estaba llamando a todos los telefonillos y gritando, pero ella lo único que oía era el CRAAAC, que se le había metido hasta lo más hondo del cerebro y no quería salir de allí. También veía gritar a Angela, pero tampoco la oía.

Lo último que acertó a pensar mientras todo el bloque se caía hacia el solar de atrás es que al menos no llevaba las zapatillas de conejitos.

Lo siguiente que vio es que estaba encima de una camilla y que Dave estaba a su lado. Al fondo había un montón de bomberos, policías y curiosos mirando.

- ¿Ya estás mejor? - le preguntó Dave

- Pues no lo sé. ¿Qué vamos a hacer ahora?

- A mí ya me da igual. Que hagan lo que quieran. ¿Tenías algo importante en casa?

- ¿Aparte de la documentación, algo de ropa y el portátil? Nada. Ni joyas ni dinero. Y la mayor parte de mi ropa todavía está en casa de mis padres

- Pues hala, levántate que nos vamos

- ¿A dónde?

- Nos vamos a mi casa del pueblo. Se tarda media hora más en llegar a trabajar, pero está bastante arreglada. Y no hay comunidad de vecinos

Como Ana todavía estaba bastante alelada ni le llegó a la cabeza lo que le estaba diciendo Dave

- ¿Y qué va a pasar ahora? - Preguntó Ana

- Pues me imagino que la Compañía tendrá que estudiar si se hacen cargo de esto - Contestó Dave. Si no se hacen cargo tendremos que pedirle a Rafael un informe del nuevo siniestro y nos iremos a juicio a que el juez diga si tienen que pagar o no, pero me importa demasiado y además espero que todo eso sea después de la boda

Esta vez sí que le llegó. Muy romántico no fue, pero desde luego a Ana no se le olvidaría nunca el día que se le declaró Dave.

Y ni que decir tiene que no invitaron a ninguno de los vecinos.