Como la comunidad no había tenido mala fe y estaba intentando reparar la avería, la compañía se hizo cargo y después de veintiún meses los vecinos pudieron volver a sus casas.

El único que tuvo algún problema fue Paco, que había asegurado 3.000,00 € para el mobiliario, y eso fue lo que le dieron por muchos gritos que le pegó al tramitador y muchas facturas que presentó. Además en la comunidad le prohibieron acercarse a menos de cinco metros de ninguna instalación comunitaria.

Y antes de esto Ángela quería cambiar la decoración y Antonio no, así que al final se quedó contenta, después de todo.

Ana y Dave se quedaron en el pueblo y alquilaron los dos pisos a unos estudiantes y a la familia que se quedó con el local de abajo para poner un "Todo a 100".

Tres o cuatro meses después las ratas decidieron que ya era seguro volver al sótano.